Crisis industrial: casi la mitad de la capacidad instalada en Argentina permanece ociosa

El Indec reveló que el uso de maquinaria fabril cayó al 57,7% en noviembre, reflejando una profundización del parate productivo y niveles de inactividad comparables con la pandemia.

El proceso de desindustrialización en Argentina ha sumado un nuevo capítulo crítico tras la difusión de los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Según el organismo oficial, la utilización de la capacidad instalada en la industria se ubicó en el 57,7% durante el mes de noviembre, lo que implica que casi la mitad del parque de maquinaria del país se encuentra paralizado. Esta cifra representa una caída significativa respecto al 62,3% registrado en el mismo mes del año anterior y confirma una tendencia recesiva que ha sido la constante a lo largo de 2025.

Un escenario de estancamiento estructural

A pesar del optimismo financiero que siguió al triunfo oficialista en las elecciones legislativas de octubre, la denominada «economía real» no ha logrado acoplarse al repunte bursátil. Mientras el índice Merval reflejó un renovado interés de inversores y especuladores, las plantas fabriles continuaron operando en niveles mínimos. Durante la mayor parte de 2025, el indicador de uso de maquinaria se mantuvo por debajo del umbral del 60%, con breves excepciones en septiembre y octubre que no lograron consolidar una recuperación.

Este escenario de ociosidad productiva remite a los momentos más críticos de la historia económica reciente, como los meses de confinamiento estricto durante la pandemia o el inicio de la gestión de Javier Milei en 2024. En aquel entonces, la devaluación del 53% y el ajuste fiscal severo contrajeron la demanda interna, un efecto que, lejos de revertirse, parece haberse cristalizado en la estructura industrial argentina.

Los sectores más golpeados: el drama textil y metalmecánico

El relevamiento del Indec, que analiza doce ramas de actividad, muestra una disparidad marcada, aunque con un denominador común: la pérdida de competitividad frente a la apertura comercial.

  • Sector Textil: Es, sin duda, el área más afectada. En noviembre, utilizó apenas el 29,2% de su capacidad. Esto significa que siete de cada diez máquinas textiles estuvieron apagadas. La combinación de una demanda interna pulverizada por la caída de ingresos y la competencia de productos importados —que incluye el ingreso de ropa usada— ha puesto al sector en una situación de vulnerabilidad extrema.

  • Metalmecánica: Excluyendo al sector automotriz, esta rama operó al 39,9%. El segmento de electrodomésticos sufrió especialmente, con una producción casi un 40% inferior a la del año pasado. Un hito de este retroceso fue el cierre definitivo de la planta de Whirlpool en Pilar, empresa que optó por cesar su producción local para volcarse exclusivamente a la importación.

Automotrices: el boom de ventas no llega a las fábricas

La industria automotriz, tradicional motor del empleo calificado, también mostró signos de deterioro profundo. El uso de la capacidad instalada fue del 46,3% en noviembre, una caída estrepitosa frente al 64,7% registrado un año atrás.

Paradójicamente, este descenso se produce en un año de relativo dinamismo en las ventas de salones, pero el informe del Indec sugiere que el mercado está siendo abastecido mayoritariamente por unidades y autopartes importadas. La producción nacional pierde terreno en la participación de mercado, evidenciando que la política de apertura indiscriminada está desplazando el valor agregado local por bienes terminados en el exterior.

El impacto de la apertura comercial

El diagnóstico de los industriales coincide en señalar que el «plan antiinflacionario convencional» del Gobierno, basado en el ancla cambiaria y la apertura de fronteras, está funcionando como una tenaza sobre la manufactura argentina. El ingreso de bienes terminados a precios internacionales, en un contexto de costos internos en dólares todavía elevados por tarifas y logística, impide que las fábricas locales puedan competir incluso en su propio mercado.

La falta de horizontes de mejora en la utilización de la capacidad instalada plantea un interrogante sobre la sostenibilidad del empleo industrial. Sin una reactivación del consumo interno o una política de fomento a las exportaciones con valor agregado, el riesgo de cierres definitivos de plantas —siguiendo el ejemplo de Whirlpool— se mantiene latente en el cinturón industrial del país.