Canastas de pobreza e indigencia: el impacto de la inflación en diciembre

El Indec reportó un incremento del 4,1% en las canastas básicas, superando ampliamente el índice general de precios y profundizando la crisis económica en los sectores con menores ingresos del país.

El costo de vida golpea con fuerza a los sectores vulnerables

La aceleración de la inflación en Argentina durante el cierre de 2025 ha consolidado una tendencia alarmante: los precios de los bienes esenciales suben a un ritmo notablemente superior al promedio general. Según los últimos datos oficiales publicados por el Indec, la Canasta Básica Total (CBT) y la Canasta Básica Alimentaria (CBA) registraron un aumento del 4,1% en diciembre, una cifra que contrasta drásticamente con el 2,8% del Índice de Precios al Consumidor (IPC) del mismo mes. Esta brecha confirma que el encarecimiento de la vida es, ante todo, un fenómeno que erosiona con mayor saña el poder adquisitivo de quienes destinan la totalidad de sus ingresos a la subsistencia mínima.

El umbral de la pobreza: más de 1,3 millones de pesos

El informe técnico del organismo estadístico revela una realidad cruda para el bolsillo de las familias argentinas. Para que un hogar tipo —integrado por dos adultos y dos menores— no sea considerado pobre, necesitó en diciembre percibir ingresos superiores a los $ 1.308.713. Este valor, que define la Canasta Básica Total, incorpora no solo alimentos sino también servicios esenciales como transporte, salud y vestimenta.

A lo largo de 2025, la CBT acumuló un alza del 27,7%. Si bien este porcentaje anual podría parecer moderado en contextos históricos de alta volatilidad, la aceleración del último trimestre ha encendido las alarmas de los analistas. El hecho de que la canasta de pobreza suba sistemáticamente por encima del nivel general de inflación indica que los servicios y bienes regulados o de lujo están creciendo menos que los artículos de primera necesidad.

La indigencia y el drama de los alimentos

La situación es aún más crítica cuando se analiza la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que determina el umbral de la indigencia. En diciembre, una familia tipo necesitó $ 589.510 exclusivamente para cubrir sus necesidades nutricionales básicas. El dato anual de la CBA es el más preocupante del informe: cerró 2025 con un incremento acumulado del 31%, tres puntos por encima de la canasta de pobreza y más de tres puntos por encima de la inflación general.

Esta dinámica responde a una aceleración de los precios de los alimentos que se volvió indomable desde octubre pasado. Mientras que en ese mes la inflación general fue del 2,3%, la canasta alimentaria ya trepaba al 3,1%. Los rubros de consumo masivo, como harinas, carnes y lácteos, han liderado las subas, dejando a las familias de menores recursos sin margen de maniobra ni capacidad de ahorro.

Un ciclo de siete meses de presión constante

Desde junio pasado, el ritmo inflacionario no ha dado tregua, acumulando siete meses consecutivos de subas que afectan el entramado social. El análisis crítico de estas cifras sugiere que la política monetaria y los acuerdos de precios no han logrado penetrar en los canales de comercialización de proximidad, donde los sectores más empobrecidos realizan sus compras diarias.

La persistencia de esta tendencia genera un fenómeno de «inflación de los pobres». Cuando los alimentos suben más que el promedio, se produce una transferencia de ingresos regresiva. Los hogares que logran mantenerse apenas por encima de la línea de pobreza caen rápidamente bajo el umbral debido a que su canasta de consumo real está compuesta casi exclusivamente por los rubros que más aumentan.

Perspectivas para el inicio de 2026

El cierre de 2025 deja una herencia compleja para la gestión económica del nuevo año. Con las canastas básicas corriendo al 4,1% mensual, la presión sobre los salarios y los planes de asistencia social es máxima. La brecha entre el aumento de los ingresos y el costo de la comida se ha ensanchado, lo que previsiblemente se traducirá en un aumento de los índices de pobreza que el Indec informará en su próximo reporte semestral.

La estabilidad macroeconómica, si bien muestra una inflación general que parece buscar un techo, no se refleja en las góndolas. La urgencia de políticas que desindexen los precios de los alimentos esenciales se vuelve prioritaria para evitar una fractura social mayor en un contexto donde el acceso a la mesa diaria es cada vez más restrictivo para millones de ciudadanos.