Día de los Reyes Magos: el origen de la tradición que cierra las fiestas

Cada 6 de enero, la comunidad cristiana y gran parte del mundo occidental conmemoran la Epifanía, el momento en que los sabios de Oriente presentaron sus respetos al recién nacido Jesús.

El 6 de enero marca una de las fechas más esperadas del calendario litúrgico y cultural, especialmente para los más pequeños. El Día de los Reyes Magos no es solo el cierre simbólico del ciclo navideño, sino una festividad cargada de historia, simbolismo religioso y tradiciones que han evolucionado a lo largo de los siglos. En la Argentina y otros países de herencia hispana, la jornada se vive con la ilusión de los regalos, el pasto y el agua para los camellos, pero detrás de este ritual existe un trasfondo que une la fe bíblica con leyendas medievales y adaptaciones modernas que mantienen vigente el mito.

La Epifanía: la manifestación ante el mundo

Desde el punto de vista religioso, hoy se celebra la Epifanía, palabra de origen griego que significa «manifestación». Según la tradición católica, este día recuerda el momento en que el niño Jesús se dio a conocer a los pueblos paganos, representados por los sabios que llegaron desde Oriente.

Aunque popularmente se los conoce como «Reyes Magos», el relato bíblico original (Evangelio de San Mateo) se refiere a ellos únicamente como «magos» —término que en la antigüedad designaba a hombres sabios o astrónomos— y no especifica cuántos eran ni sus nombres. Fue la tradición posterior, basada en los tres regalos mencionados en las escrituras, la que estableció que se trataba de tres personas: Melchor, Gaspar y Baltasar. Cada presente portaba un significado profundo:

  • Oro: Reconocimiento de Jesús como Rey.

  • Incienso: Atributo de su divinidad y uso en el culto a Dios.

  • Mirra: Una resina utilizada para embalsamar, que predecía su destino humano y su futura pasión.

La construcción de los personajes a través del tiempo

La imagen que tenemos hoy de los Reyes Magos fue moldeándose con el paso de los siglos para representar la universalidad del cristianismo. Originalmente, se los describía como tres sabios persas, pero en el siglo XIV se comenzó a representar a Baltasar como un hombre de tez negra para simbolizar a los habitantes de África, mientras que Melchor y Gaspar representaban a Europa y Asia, respectivamente.

De esta manera, los tres Reyes Magos terminaron por encarnar a todas las razas y los tres continentes conocidos en aquel entonces. La idea de que viajan en camellos también refuerza su origen exótico y su larga travesía por el desierto, guiados por la estrella de Belén, un fenómeno astronómico que aún hoy genera debates entre científicos y teólogos.

Tradiciones que perduran: zapatos, pasto y roscas

En la actualidad, la celebración ha trascendido lo religioso para convertirse en un fenómeno cultural. En nuestro país, la tradición dicta que los niños deben dejar sus zapatos cerca del pesebre o del árbol de Navidad la noche del 5 de enero. Los calzados sirven para que los Reyes identifiquen a quién pertenece cada regalo. Además, el gesto de dejar un recipiente con agua y un puñado de pasto seco refleja la hospitalidad hacia los camellos, que vienen de un largo viaje.

Otro elemento indispensable es la Rosca de Reyes. Este pan dulce de forma circular simboliza, para la fe, el amor infinito de Dios que no tiene principio ni fin. En muchos hogares, compartir la rosca es el rito final que marca el momento de desarmar el arbolito y retomar la rutina tras el receso festivo.

El impacto comercial y social

Más allá de la mística, el 6 de enero representa un pico de actividad para el sector comercial. A diferencia de la Navidad, donde los regalos suelen ser más generales, Reyes se centra exclusivamente en el público infantil, movilizando ferias de juguetes y promociones especiales. Sin embargo, en un contexto de alta sensibilidad económica, la festividad también impulsa numerosas campañas de donación y eventos solidarios para asegurar que la ilusión de los magos de Oriente llegue a los sectores más vulnerables.

Una fecha para la ilusión

El Día de los Reyes Magos sobrevive al paso del tiempo porque apela a la capacidad de asombro y a la generosidad. Ya sea desde una perspectiva espiritual o como una costumbre familiar, el 6 de enero nos invita a reflexionar sobre la importancia de la búsqueda de la verdad y la celebración de la infancia. Con la partida de los camellos, se cierra la temporada de fiestas, dejando tras de sí un mensaje de esperanza que perdura hasta el próximo diciembre.