Los perros y las piletas: los riesgos del cloro para la salud y los consejos de especialistas

Aunque el cloro no es tóxico en dosis bajas, la exposición constante puede generar desde irritaciones dérmicas hasta patologías crónicas en ciertas razas, advierten expertos en veterinaria.

Con la llegada del verano y las temperaturas extremas, la pileta se convierte en el refugio predilecto no solo para los humanos, sino también para sus mascotas. Sin embargo, lo que parece un momento de juego inofensivo puede esconder riesgos para la salud de los perros si no se manejan adecuadamente las concentraciones de productos químicos. El cloro, elemento fundamental para desinfectar el agua y eliminar bacterias, no es letal en los niveles habituales de una piscina doméstica, pero su contacto repetido y la ingesta accidental pueden desencadenar complicaciones que los propietarios deben conocer para actuar de forma preventiva.

Impacto inmediato: irritación y sensibilidad

Los perros poseen una sensibilidad cutánea y sensorial muy superior a la del ser humano. El principal inconveniente del agua clorada radica en su capacidad irritante. Al entrar en contacto con el pelaje, el cloro elimina los aceites naturales que protegen la piel del animal, lo que puede derivar en dermatitis, enrojecimiento y picazón intensa. Asimismo, las membranas mucosas de los ojos y las vías respiratorias sufren ante la exposición química, provocando cuadros de conjuntivitis o estornudos frecuentes tras el chapuzón.

Otro riesgo crítico es la ingesta de agua durante el juego. Es común que los perros beban de la pileta mientras nadan, lo que puede causar irritación del esófago y las paredes estomacales. Esto se traduce generalmente en síntomas gastrointestinales inmediatos como náuseas, hipersalivación o vómitos. Por este motivo, los veterinarios enfatizan la importancia de que el animal tenga siempre a disposición un cuenco con agua limpia y fresca para evitar que busque hidratarse en la piscina.

Riesgos a largo plazo y predisposición genética

Investigaciones recientes en medios especializados de veterinaria han encendido alarmas sobre los efectos de la exposición química prolongada. Según diversos estudios, el contacto constante y a largo plazo con subproductos del cloro se ha vinculado con un incremento en el riesgo de desarrollar carcinoma urotelial, un tipo de cáncer de vejiga. Los científicos aclaran que este peligro no se asocia a baños esporádicos, sino a una exposición sistémica y repetida durante años.

El análisis genético ha revelado que ciertas razas presentan una mayor vulnerabilidad a este tipo de patologías. Entre las más predispuestas se encuentran el West Highland White Terrier, el Terrier Escocés y el Pastor de Shetland. En estos casos, los especialistas sugieren extremar las precauciones y limitar el tiempo de permanencia en el agua clorada, optando por métodos de desinfección más naturales, como la salinización, si la mascota frecuenta la pileta a diario.

Guía de cuidados esenciales para el verano

Afortunadamente, el ejercicio acuático es excelente para las articulaciones y el bienestar emocional del perro, por lo que no es necesario prohibir el acceso, sino gestionar el post-baño. Los expertos coinciden en cuatro pilares fundamentales para minimizar daños:

  • Enjuague inmediato: Al salir del agua, es imperativo pasar al perro por una ducha de agua corriente para eliminar los restos de productos químicos adheridos al pelo.

  • Secado profundo: El cloro residual que queda en la piel puede seguir irritando si no se retira. Un buen secado con toalla ayuda a proteger la barrera dérmica.

  • Hidratación controlada: Ofrecer agua potable antes y durante el tiempo de pileta reduce la ansiedad del animal por beber el agua tratada químicamente.

  • Seguridad química: Las pastillas de cloro concentrado deben almacenarse en lugares inaccesibles. Su ingesta directa es altamente tóxica y constituye una emergencia veterinaria grave.

En conclusión, la clave reside en el equilibrio. Un perro puede disfrutar de la pileta de forma segura siempre que sus dueños asuman un rol activo en la higiene posterior y el control de la ingesta. La salud de las mascotas en verano depende de una observación atenta y del cumplimiento de estas pautas básicas de cuidado.