Crisis estructural: las pymes acumulan diez trimestres de caída y crecen las importaciones chinas

Un informe de la Fundación Observatorio Pyme revela una contracción del 7,5% en la producción y un récord histórico de pérdida de mercado interno frente a productos extranjeros.

El tejido industrial de las pequeñas y medianas empresas en Argentina enfrenta uno de sus ciclos más contractivos de las últimas décadas. Según el último relevamiento de la Fundación Observatorio Pyme (FOP), el sector ha encadenado diez trimestres consecutivos de caída, consolidando una crisis estructural que combina el desplome del consumo doméstico con una competencia externa sin precedentes. La producción no solo se contrae, sino que la sostenibilidad financiera de las firmas está en un punto de quiebre.

Un ciclo recesivo que no encuentra piso

Durante el tercer trimestre de 2025, la actividad de las pymes industriales registró una caída interanual del 7,5%. Este dato, que surge de una encuesta realizada a 425 firmas, eleva la baja acumulada en lo que va del año al 4,1%. La profundidad de esta recesión se refleja también en el mercado de trabajo: el empleo registrado en el sector disminuyó un 4,6% respecto al año anterior.

La vulnerabilidad es heterogénea, pero letal para las estructuras más pequeñas. Las firmas que emplean entre 10 y 49 personas son las que han sufrido con mayor rigor el ajuste de sus plantillas laborales, aunque el informe detecta una leve desaceleración en el ritmo de despidos en el último mes.

La amenaza externa: China desplaza a Brasil

Uno de los datos más alarmantes del informe de la FOP es la pérdida de participación en el mercado interno frente a la oferta extranjera. El 37% de las pymes industriales reportó haber cedido terreno ante las importaciones, la cifra más alta registrada desde que se inició la serie estadística en 2007.

Lo novedoso de este escenario es el cambio en el origen de la competencia. El 73,3% de las empresas afectadas identificó a China como la principal procedencia de los productos que desplazan a la fabricación nacional. De esta manera, el gigante asiático se consolida como la mayor preocupación externa de los industriales argentinos, relegando a Brasil a un segundo plano.

Expectativas en zona de contracción

Los indicadores que anticipan el futuro inmediato del sector tampoco ofrecen señales de alivio. El índice «PMI-PyME», que mide las proyecciones de producción, se ubicó en los 43 puntos, mientras que la confianza empresarial cayó a 44. Al encontrarse ambos valores por debajo del umbral crítico de los 50 puntos, la industria pyme permanece técnicamente en zona de contracción.

Este pesimismo está alimentado por una presión de costos asfixiante. El 81% de las empresas reportó incrementos en sus insumos y costos operativos, lo que ha erosionado drásticamente la rentabilidad y ha quebrado la cadena de pagos.

Fragilidad financiera y morosidad

La falta de liquidez ha comenzado a manifestarse con fuerza en las relaciones comerciales y fiscales:

  • El 52% de las pymes registró retrasos en los cobros por parte de sus clientes.

  • El 35% de las firmas admitió tener dificultades serias para cumplir con sus obligaciones ante proveedores, entidades bancarias y el fisco.

Esta asfixia financiera sitúa a un tercio del sector en una posición de vulnerabilidad extrema, donde la falta de acceso a crédito y la caída de ventas amenazan con cierres definitivos.

Una industria en la encrucijada

La industria pyme argentina atraviesa una «tormenta perfecta». A la debilidad del mercado interno se le ha sumado una apertura que, en los hechos, está favoreciendo la entrada de productos asiáticos a precios con los que el fabricante local no puede competir debido al alza de sus propios costos. Sin un cambio en las variables macroeconómicas o medidas de alivio financiero, el sector se encamina a cerrar el 2025 con su estructura productiva significativamente reducida, poniendo en riesgo el principal motor de empleo privado del país.