Crisis de los alquileres: casi el 30% de los inquilinos tuvo que mudarse

Mientras el Gobierno celebra estadísticas de pobreza a la baja, la realidad de la crisis habitacional se impone con números alarmantes

La crisis de los alquileres en Argentina ya no es solo una percepción: es un hecho tangible. Según la Encuesta Nacional Inquilina de marzo de 2025, el 29,8% de los inquilinos encuestados tuvo que abandonar su hogar por la imposibilidad de pagar el alquiler, mientras que el 88,8% anticipa dificultades para sostenerlo en los próximos meses. Estos datos surgen en un contexto donde el Gobierno Nacional insiste en destacar la reducción de la pobreza, mientras miles de argentinos luchan día a día para llegar a fin de mes.

El informe, elaborado por Inquilinos Agrupados, buscó relevar la situación de los hogares inquilinos tras la implementación del DNU 70/2023, que modificó las reglas del juego en el mercado inmobiliario. Participaron 1.402 personas de todo el país y los resultados son contundentes: el 65,5% de los contratos actuales fueron firmados después del 1 de enero de 2024, con aumentos que han pulverizado cualquier planificación económica familiar.

Las cifras son elocuentes. En la Ciudad de Buenos Aires, el alquiler promedio de un monoambiente alcanza los $398.362, mientras que un departamento de dos ambientes cuesta $445.934 y uno de tres ambientes, $606.669. En la provincia de Buenos Aires, los valores, aunque algo menores, siguen siendo desorbitantes: $233.200, $321.930 y $409.826, respectivamente. Además, la frecuencia de actualización de los montos es cada vez más agresiva: en el 80% de los casos, los ajustes son mensuales, trimestrales o cuatrimestrales, dejando a los inquilinos en una espiral de incertidumbre y desesperación.

El endeudamiento también es una consecuencia directa de esta crisis. El 64,6% de los inquilinos arrastra deudas, con los principales motivos siendo el uso de tarjetas de crédito (51,2%), la compra de alimentos (38%) y, por supuesto, el propio alquiler (30%). Los bancos son los principales acreedores (62,5%), seguidos por familiares (32,3%) y plataformas digitales de préstamos (16,3%). Más de la mitad de los endeudados (48%) está atrasado con los pagos, lo que los deja aún más vulnerables.

Pero el problema habitacional no es solo económico, sino también estructural. La percepción de los inquilinos sobre el sistema de alquileres es clara: el 87,4% está en desacuerdo con la idea de que «el mercado se regula solo», mientras que el 76,8% cree que el Estado debería intervenir para regular los precios. Además, el 83,4% se manifiesta a favor de prohibir las viviendas ociosas por más de tres meses, en un país donde la especulación inmobiliaria deja miles de propiedades vacías mientras miles de personas no pueden costear un techo.

El grupo más afectado por los desalojos forzados son los jóvenes de entre 25 y 34 años (34,8%), en su mayoría mujeres (59,1%). La precarización laboral también juega un rol clave en esta crisis: la mayoría de los afectados tiene empleos informales, es monotributista o trabaja en condiciones de inestabilidad.

Mientras el Gobierno elige mostrarnos estadísticas que pintan una realidad mejorada, la vida cotidiana de los inquilinos es un reflejo de lo contrario. El mercado inmobiliario se ha convertido en una trampa sin salida para miles de personas que, entre aumentos descontrolados y deudas crecientes, ven cómo el derecho a la vivienda se transforma en un lujo. La crisis de los alquileres no es solo un problema de números: es una tragedia cotidiana que obliga a miles de argentinos a vivir con la incertidumbre de no saber dónde dormirán el mes próximo.